Puerto Natales

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martes, 11 de septiembre de 2012

Nacer o morir un once de septiembre

Hoy es el día de mi 49° cumpleaños y tengo sentimientos encontrados. Este día siempre ha sido una jornada alegre, en la que hablo con amigos con los que hace tiempo que no me comunico, con mi familia, y siempre te sorprende alguien con una llamada. Pero este  es distinto. El once de septiembre es una fecha muy señalada en el calendario. 




Ya cuando tanteé el asunto, me dijeron que lo de hacer celebraciones ese día, no iba a estar muy bien visto, cosa que entiendo. Hoy mismo en la comida conversábamos sobre el lugar donde se va a celebrar el partido de clasificación  para el mundial de Brasil, que se juega hoy contra Colombia (lo siento Falcao, vais a perder, te lo dice un atlético pero en Chile) y se planteaba la mala suerte que el estado nacional traía a su selección. En ese lugar fue donde murió torturado Víctor Jara inseparable cantautor de varias generaciones de los que peinamos canas.
Siguiendo el sabio consejo de una experta, he intentado buscar alguna efeméride que reivindique la fecha, y no hay ninguna noticia que permita alegrar  el calendario. Me ahorro las referencias porque si llegamos al santoral, ya te puede dar un pasmo, Diodor, Didimio y Pafnucio!, si creedlo, existe,¡Chiquito! Vente a Santiago que sacas un chiste magistral seguro.
Visto lo que hay, ¿por qué no cambio la fecha de celebración de mi cumpleaños? ¿Qué importancia tiene buscar esas referencias? ¿Rutinas? ¡Ciclos anuales de renovación o putrefacción? No lo se y me da igual. Yo que estaba tan contento de haber nacido a las once de un día once cuando faltan ciento once días para que termine el año, se acabó. A partir de ahora celebro mi cumpleaños cuando me de la gana, y si nadie me felicita, aprovecho y llamo a los amigo con los que hace tiempo que no hablo, me hago un regalito, invito a mi chica y a  mis chicos a comer fuera…
Por cierto, ¿cuándo es tu cumpleaños?
P.D. Felicita el santo a los Pafnucios que conozcas de mi parte (y dales el pésame por el mismo precio).

Os mando un regalo el día de mi cumpleñaos.

http://www.youtube.com/watch?v=LiHjDZIvkYg




lunes, 10 de septiembre de 2012

Conociendo Santiago

Y el viaje comenzó.
Después de once horas de vuelo, empieza a amanecer el día 31 de agosto. Gracias a ello puedo contemplar la cordillera de los Andes, tantas veces soñada por mí leyendo la aventura de Tintín, “El templo del sol”. El avión entra por el norte de Chile, la zona más seca del planeta y no se advierte ninguna señal de vida vegetal. Su aspecto desde el aire es de un sinfín de espinas dorsales de esqueletos de gigantescos dinosaurios que se hubieran acostado unos sobre otros para morir a la vez. El más grande en el centro y los demás a sus lados en riguroso orden decreciente de tamaño. Es fácil entender cómo se formó esta cordillera. El choque entre las dos placas tectónicas que siluetean el contorno oeste de América del Sur marca el discurrir de sus habitantes: su orografía y su sismología son dos elementos naturales que condicionan toda la vida de esta región del planeta. Lo normal es que note un terremoto de grado 5, al menos. Lo contaré.
Cuando pasamos sobre la zona de más altura, se divisa un glaciar. Su nieve fósil se desborda del circo de montañas como si fuera de merengue, o de yogur, detenida como en una fotografía tomada hace millones de años.
Ya en Santiago, mi primer contacto personal con el país y su gente es, como suele ser habitual, a través de un taxista. Es gentil y amable. Se muestra sinceramente orgulloso de su país. Tarda poco en ponerte al día de sus ascendientes españoles, pero dejando muy claro su condición de chileno (¡Y de los Andes!). La ciudad despierta con una característica niebla con elevada concentración de polución, pero rápidamente nuestro interlocutor avisa de que en septiembre empezará a correr la brisa y la despejará, como si quisiera disculparla por no darle la razón mientras cantaba alabanzas a su país.
En cuanto estoy instalado, me calzo unas zapatillas y a patear la ciudad.
Recorro la arteria principal, la Avenida de la Alameda y ya no dejo de encontrarme con edificios de los que he oído hablar centenares de veces: La Universidad Católica de Chile, el Cerro Santa Lucía, la Biblioteca Nacional y, en breve, el Palacio de la Moneda, allí donde terminó sus días Salvador Allende y aquel experimento de socialismo a la chilena un once de septiembre de 1973, día de mi décimo cumpleaños. No obstante, quizás su espíritu está más vivo que nunca, como tuve ocasión de comprobar al día siguiente y que relataré en una próxima entrada.


Santiago es una ciudad poderosamente viva. La hora en la que estaba conociendo el centro, 17.00 h. de un día de diario, supongo que coincidía con la hora de salida de oficinas, porque si no, no se explica la ingente cantidad de gente y de coches que se disputaban el territorio. Los coches saltándose los semáforos en rojo, al igual que los viandantes invadían la calzada a la menor oportunidad peleando por el sitio que naturalmente pertenece al otro.



Las personas con la que me mezclo me resultan muy familiares. Las hay de múltiples razas y aspectos, pero uno se siente rápidamente cómodo. Nadie se fija en ti, lo que contribuye a la sensación de estar integrado, de no ser un extraño.
El centro tiene un trazado regular de manzanas (cuadras aquí), producto de los rediseños de sucesivos terremotos de los comienzos de la urbe. Digamos que una especie de barrio de Chamberí, por el tamaño de las cuadras y el ancho de las aceras. Llama la atención el contraste entre los espectaculares rascacielos de oficinas y las viviendas normales, hasta incluso alguna con aspecto colonial (si no, probad a imaginar cuatro rascacielos en medio del barrio de Malasaña y veréis que extraña impresión provoca).


Necesito más tiempo para sentir la ciudad, para encontrar respuestas. No me encaja la pujanza económica del país con el aspecto decadente de algunos edificios del centro. Hermosos, señoriales, bien situados, pero con la sensación de estar habitados por fantasmas.
Pero Santiago, está claro, no tiene complejos. Alternan los puestos callejeros de comida típica con diminutos quioscos de periódicos o de chucherías, como teníamos en Madrid en los años sesenta. Hasta aquí no ha llegado el disparate de los quioscos de prensa españoles que necesitan tres horas para desplegar todos los semanarios, periódicos, kits de autoconstrucción del Titanic a tamaño real pieza a pieza junto a su fascículo semanal hasta el año 2135, o la colección de figuras de plomo a escala 1:1 de todo el ejército de los horcos de “El Señor de los Anillos” (el año de finalización de la colección no lo incluyen).
Cuando empieza a anochecer, mis pies piden descanso y yo, dejar reposar el aluvión de buenas sensaciones que he vivido en este largo día de treinta horas.


miércoles, 5 de septiembre de 2012

Presentación. Para qué escribo este blog


Torres del Paine, Patagonia


El origen de crear este blog es compartir con aquel que quiera, la experiencia que voy a vivir los próximos cuatro meses en Chile, de agosto a diciembre de 2012. Durante ese periodo de tiempo estaré trabajando en un programa corporativo, que me proporciona la ocasión de aprender cómo se trabaja en uno de los países que más está creciendo en Latinoamérica y, si es posible, aportarles mi experiencia y saber hacer. 


Calle Bandera, Santiago de Chile




El título que se me ocurrió para esta humilde bitácora, “El año de las dos primaveras” me resultó original, pero en breve descubrí que no lo era. La red facilita ese desencanto de forma inmediata. Ya dijo algún poeta que todo estaba escrito. Pero las palabras que por aquí se dejarán caer no han sido escritas nunca, porque serán el relato de este viaje contado a través de mis ojos, y estos sí que son únicos, bien es verdad que algo miopes, astigmáticos y présbitas, pero únicos, y muy queridos a pesar de todo.


Moais en Isla de Pascua


A través de ellos me gustaría poner en común contigo el descubrimiento de un país que empieza al norte del Trópico de Capricornio en el desierto más seco del planeta y acaba en la Tierra del Fuego y el Cabo de Hornos, no precisamente famosos por la calidez de su clima a pesar de sus nombres. 

La Gran Duna, Atacama


Geisers del Tatio, Atacama



Glaciar Serrano, Patagonia



Glaciar Perito Moreno, Patagonia argentina

  Entre los dos extremos, valles templados junto a selvas húmedas, volcanes y glaciares de la mano, y alguno de los lugares más mágicos del planeta, como la Isla de Pascua o el valle de La Serena. 

Valle de Elqui, La Serena
 
Todo lo anterior proporciona una increíble variedad de productos naturales que satisfacen el apetito de cualquier gastrónomo: mariscos y pescados criados en la fría corriente de Humboldt, carnes, verduras, frutas y hortalizas, por supuesto acompañados de esos vinos que se están empeñando en izar a los más altos puestos del reconocimiento internacional.
Con el que quiera acompañarme, intentaré averiguar qué están haciendo los chilenos para desarrollar la economía del país de forma constante y sostenible, ahora que en Europa, y muy en particular en España, estamos buscando solución a una crisis que nadie entiende, pero que todos sufrimos.
Hablaremos de literatura y poesía, que para ello tenemos allí alguno de los mejores poetas y poetisas en lengua española, además de nuestro último premio Cervantes.




Viajaremos a la cuna del coaching ontológico, en el que me he formado recientemente y  descubriremos juntos las distinciones lingüísticas, nos preguntaremos porqué es una disciplina que está creciendo desde que se formuló por primera vez, e intentaremos resolver el misterio de su éxito.

Monumento a Salvador Allende, La Moneda, Santiago de Chile



También miraremos al cielo nocturno, tan distinto del que podemos ver en España, y tan puro que casi siempre nos ganan a la hora de emplazar los grandes telescopios de última generación.
No nos iremos sin sumergirnos en sus frías aguas, quizás en la Isla de Pascua que presume de tener la mayor visibilidad submarina del planeta o en el archipiélago de Juan Fernández para aprovechar  y juguetear con sus famosos lobos marinos.
Chile se asoma al mar en más sitios legendarios, Viña del mar, Valparaíso, Antofagasta, Puerto Montt…

Mural en Valparaíso





Por último, y lo más importante, conoceremos al pueblo chileno, a los criollos, los mestizos, los mapuches, los quechuas, los rapanui, en definitiva las mujeres y los hombres que habitan esa tierra y conversaremos de sus costumbres, de sus orígenes, de sus sueños y de sus expectativas.
Este viaje lo empezaré en la mítica frontera de los cincuenta años, por lo que tendrá mucho de viaje interior, alejado de familia y amigos, ligero de equipaje y procurando disfrutar cada instante, con ganas de aprender de todo lo que encuentre y convencido de que la vida es una fantástica aventura que merece la pena apurar al máximo.

Petrohué y Volcán Osorno


Una de las frases que creo que atesoran sabiduría atávica es la que escribió Antonio Machado en “Campos de Castilla”:

¡Ojos que a la luz
se abrieron un día,
para después,
ciegos tornar a la tierra
hartos de mirar sin ver!

Mis ojos están un poco gastados como ya he dicho, pero se puede ver de otras maneras.
¿Te apuntas? 

Lobos marinos en Punta Choros