Puerto Natales

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lunes, 14 de abril de 2014

7 hábitos de la gente feliz. Un camino en su búsqueda.



(Escrito hoy pensando en las víctimas del incendio que asola Valparaíso. Todas las fotos fueron tomas en mi viaje a la ciudad en diciembre de 2012. Fuerza Chile).

La búsqueda de la felicidad es uno de los temas sobre el que los seres humanos han escrito más libros. No pretendo exponer la fórmula mágica, no la tengo. Cuestiónate y duda de todo lo que vas a leer en las siguientes líneas. No existe el camino a la felicidad. Sólo existe TU camino. Y deberás encontrarlo .
Desde mi experiencia personal y mi formación en coaching, yo intento recorrer el que a continuación te comparto.




Liderarse y reinventarse

“Se tu mismo, el resto de los papeles están ocupados”. (Oscar Wilde).

Lo primero para iniciar la búsqueda de la felicidad es ser consciente de que es un trabajo personal. Lo tiene que empezar uno todos los días porque no existe una meta. La felicidad se encuentra en el camino de su búsqueda. Y la felicidad está en ti, no en el exterior. No es lo que tienes, sino lo que eres. Por desgracia, a menudo la buscamos en objetos materiales de los que nos frustra su pérdida o su ausencia.
Quizás hoy te sientes infeliz y no eres consciente en el pasado de haber hecho nada por no serlo. Recuerda tus estados de máxima felicidad. ¿Qué los provocaba? ¿Cómo intervenías tú en esos momentos?
Lo que me parece indudable es que este hábito requiere constancia y esfuerzo. Los recientes estudios en neurociencias demuestran que nuestras conexiones nerviosas tienen como “caminitos” que nuestro cerebro se acostumbra a seguir. Hay que deshacerlos y convencer a nuestro cerebro de que recorra otros, elegidos por nosotros, que nos transmitan mayor placer, o seguridad, o confianza. Cualquier emoción o sentimiento que nos haga ser más felices.
La psicología positiva acaba de empezar a analizar desde el punto de vista científico estas afirmaciones.
No dudes que es posible.





Conocerse y enriquecerse

“Conócete a ti mismo”. (Inscripción a la entrada del templo de Apolo en Delfos)

Me parece maravilloso que esta frase estuviera a la entrada del templo al que acudían miles de personas a consulta el oráculo y saber qué les podía deparar el futuro. Parece una invitación a detenerse en la entrada y, asimilada su bienvenida, dar media vuelta y buscar la verdad y el futuro, en el interior de uno mismo.
Tras el triunfo en el pasado de las tesis de Parménides frente a las de Heráclito, toda nuestra cultura occidental se ha construido sobre la búsqueda de las verdades absolutas, inamovibles y ciertas. De lo que está bien y lo que está mal. Y las emociones, incontrolables por su propia naturaleza, arrinconadas y en muchos casos incluso negadas.
Viaja por el mundo, lee todo lo que puedas, ve al cine, ensimísmate contemplando una obra de arte, escucha música todos los días. Conversa con gente que tenga vida y cosas que contar. La razón no representa ningún obstáculo para la felicidad.
Atrévete a conocerte mejor. Traspasa esas barreras que te impiden entrar en contacto con tu verdadera esencia. Habrá cosas que no te gusten, pero eres tú. Encontrarás muchas otras que te gustan y de las que te puedes sentir orgulloso.
Hay técnicas de autoconocimiento, como el eneagrama, que son herramientas poderosas para poder cambiar lo que no te gusta de ti. Pero para ello, antes hay que ser consciente de lo que quieres cambiar.
La meditación y el yoga, por citar algunas de las que más me gustan, son técnicas milenarias que encierran la sabiduría de generaciones de personas que buscamos lo mismo. Pruébalas. No tienes nada que perder.



Sanarse y cuidarse

“Tu cuerpo será lo único que te acompañará hasta el último suspiro de vida”.

La felicidad y la enfermedad conviven difícilmente. No es imposible, pero tendrás que hacer mucho más para encontrarla. Incluso cuando no estés enfermo, puedes sanarte. Llevar una alimentación sana y equilibrada y acompañarla con algo de ejercicio, aportan una mayor calidad a tu vida y previenen la aparición de las enfermedades más corrientes de nuestra sociedad actual. Disciplinas modernas, como la bioneuroemoción, están estudiando la relación entre la enfermedad, tu cuerpo y tu mente. Algo que es de sentido común y que va camino de convertirse en ciencia.
Busca el descanso reparador para tu cuerpo y para tu alma. Cansados y con sueño, pensamos y vivimos peor.
No confundas placer con felicidad. No es lo mismo.
No consiste en absoluto en ser un extremista y eliminar de nuestra dieta esos artículos que nos proporcionan momentos puntuales de disfrute. Sólo hay que aplicar el sentido común. La mayoría sabemos qué nos sienta mal y qué nos hace daño. Con mesura nada es malo, no tiene oportunidad de serlo.



Complacerse y permitirse

“No se puede dar, lo que uno no se da”.

Se generoso contigo mismo. A muchos nos enseñaron que había que darlo todo por los demás y que el darte a ti, era una muestra de egoísmo. Hoy no lo creo en absoluto. La generosidad bien entendida no es sólo dar, sino también permitirte recibir.
Date un capricho, priorízate sobre los demás como jamás lo has hecho. No sólo no es malo, sino que es necesario para poder continuar. Debemos desear la felicidad de los que amamos, pero no a costa de la nuestra.



Perdonarse y quererse

“No serás feliz hasta que dejes de perseguir la perfección”. (Tal Ben-Shahar).

Una de las preocupaciones más comunes en mi experiencia como coach y que más insatisfacción provoca, es la búsqueda de la perfección. La sensación de culpa por no alcanzar el grado de perfección que deseas en todos sus aspectos de la vida, el trabajo, la pareja, la educación de sus hijos y tu propia felicidad. El perfeccionista rechaza el fracaso, las emociones negativas, el éxito y hasta la realidad. Otro rasgo del perfeccionista es pretender tener todo controlado y ahí radica buena parte de su desgracia. Jamás tendrás todo bajo control y el mero intento de conseguirlo te hará infeliz. Sencillamente no se puede. El devenir de la vida es lo suficiente impredecible como para que esa búsqueda vana de lo imposible te impida alcanzar la felicidad.

En contraposición busca ser una persona positiva. Acepta el fracaso como el mejor aprendizaje. Acepta las emociones mal llamadas negativas y descubre el regalo que encierran. Acepta el éxito, te lo has ganado y no tienes que pedir perdón a nadie por ello. Y acepta la realidad, y si no te gusta, cámbiala con todas tus fuerzas.



Compartirse y darse

“¿Es la bondad un resultado de la felicidad o es a la inversa?”. (Matthieu Ricard, monje budista).

Algo que tienen en común las principales religiones y corrientes de pensamiento es la importancia de la generosidad para con los demás. La eterna lucha entre el hombre egoísta y el hombre bondadoso. ¿Cuál es la condición natural del ser humano? ¿El egoísmo o la bondad? Quizás los profetas y los pensadores habían llegado a la convicción de que en la esencia del ser humano radica la generosidad y que volver a ella es una condición imprescindible para ser feliz.
Si tú y yo tenemos dos manzanas y nos la intercambiamos seguimos teniendo una manzana cada uno, pero si tenemos una idea y la intercambiamos, terminamos teniendo dos ideas cada uno.
Regala tu sonrisa hasta en los días que más te cueste. Terminarás contagiado y contagiando felicidad.
Intenta comunicarte como te gustaría que lo hicieran contigo. Empatiza con tu interlocutor. Ponte en su lugar. Primero intenta comprender al otro y después, prueba a comunicarte con él. La Comunicación No Violenta es un ejercicio de amor para contigo y para con los demás de un poder sorprendente.
Todo lo importante de esta vida se multiplica si lo compartes. No puedes esperar recibir amor si antes no has dado amor. Y sentirse querido es uno de los elementos más importantes para ser feliz.



Aceptarse y no enjuiciarse

Nosotros no podemos elegir lo que nos pasa, pero sí podemos decidir cómo vivir lo que nos pasa. (Víctor Frankl)

Los juicios son la mayor fuente de infelicidad del ser humano. Los juicios sobre nosotros y sobre las personas que nos rodean. Los juicios sobre las cosas que nos suceden.
Cualquier realidad que te incomode, intenta contemplarla desde fuera, como si fueras un observador imparcial.
Prueba a subir la escalera de inferencias. Considera la siguiente escena de una fotografía ampliamente difundida en Inglaterra[1]. Dos hombres corren en la misma dirección. El que va detrás es blanco y viste uniforme de policía. El de delante es negro y viste de civil. En el primer peldaño están los hechos objetivos de la situación, los datos, que he descrito antes. En el segundo, están las interpretaciones de los datos. Alguien podría interpretar que es un negro que ha cometido un delito y un policía le persigue. En el tercero aparecen los juicios. Alguien podría pensar: “el negro es un criminal. Todos los negros son iguales”. Mientras que otro juzgaría: “el negro estaba en una manifestación y el policía lo está reprimiendo. Otro ejemplo de brutalidad policial”. En el último escalón están  las conclusiones y la acción a tomar. Todo a partir de una fotografía. En realidad sólo conocemos los datos observables de la foto, un hombre negro corriendo delante de un policía blanco. La foto fue usada por Scotland Yard para buscar candidatos negros, porque en realidad ambos eran policías que perseguían a un criminal que estaba fuera del encuadre de la foto.
No te quedes nunca con la primera impresión, con el primer juicio. Busca lo que está fuera del encuadre de la foto que ves. Como de dije al principio, duda de todo, cuestiónatelo todo. Recorre la escalera de inferencias tantas veces como creas necesario.
Revisa los juicios que dominan tu vida. Algunos se habrán convertido en creencias, entendidas como el juicio que ya no te cuestionas, que tienes íntimamente interiorizado. Es hora de romper con ellos.



Si observáis el texto anterior, he utilizado mucho la forma reflexiva. Se nos ha negado durante milenios la facultad de ser los protagonistas de nuestra felicidad, depositando esta responsabilidad en otros, en algo fuera de nosotros.
Olvida el miedo, la envidia, el sentimiento de culpa, la autocompasión y la autoadmiración. Tu ego está al acecho para confundirte.

El fin último de la vida es reír con toda nuestra risa y llorar con todas nuestras lágrimas.

Ríete, llórate, ámate, cánsate y descánsate. Suéñate, piénsate, disfrútate y encuéntrate. Maravíllate y conciénciate de ti.

Quizás, al final de una vida entera buscándola, encuentres que siempre estuvo a tu lado, en el río que contemplabas todas las mañanas al despertar, como Siddhartha.
En el disfrute de las cosas pequeñas y cotidianas.
La suerte es que, para entonces, el río estará dentro de ti.

Y… ¿para qué no empezar el camino ahora?



[1] Ejemplo extraído del libro “Metamanagement” de Fred Kofman.
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3 comentarios:

  1. Gracias por tus comentarios....sin querer llegué aquí y las cosas suceden por algo...debo ayudar a mi hija y tus palabras me han orientado de veras..gracias.

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  2. Muy interesante lo que nos compartes. Le sacaré mucho jugo. Muchas gracias. Un saludo con cariño.

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