Puerto Natales

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lunes, 9 de septiembre de 2013

La última gota de lluvia de Quillagua. De sueño a visión.

Martina miraba a través del gran ventanal que le separaba del agua. El lago Esmeralda se advertía en todo su esplendor, y tras la intensa lluvia de las últimas horas, el volcán Picudo emergía entre las brumas mostrando su penacho de nieve, henchido de agua helada, que parecían llegar hasta su misma base. Tras los cristales, la suave pendiente de una pradera alfombrada del césped más tierno, corría a fundirse con el azul verdoso de las aguas del lago en una especie de imposible matrimonio, pero de una riqueza cromática sin igual.


Lago Todos los Santos o Esmeralda


Volcán Picudo




Ella salió al jardín y una bocanada de aire húmedo y perfumado con la esencia de las innumerables plantas del jardín, inundó sus pulmones hasta el fondo, hasta ese lugar a donde sólo llega el aire cuando la tristeza es infinita. Amaba esta tierra con todo su corazón, con toda su alma y con toda su fuerza. No podría vivir sin ella y todas las mañanas, recién levantada, repetía la liturgia de pasear por la pradera dejándose empapar de agua y que ésta recorriera su cuerpo, llevándose los fantasmas de la noche, para regresar al interior de su hogar renacida, como una venus de agua dulce lista para vivir en tierra firme.
Pero no siempre fue así.
No era así en Quillagua.



Quillagua

                                                    
Quillagua es una pequeña aldea de unas docenas de habitantes, a medio camino entre Antofagasta e Iquique, al norte del desierto de Atacama. Su nombre, en lengua aymara es “agua de luna”. Ostenta el incierto privilegio de ser el lugar más seco del planeta según el National Geographic. Rodeada de cerros polvorientos, tenía la estampa de un pueblo en medio del planeta Marte si no fuera por el cauce del río Loa que trazaba una dorsal de vida entre tanta desolación. Estaba en el lugar más seco, del desierto más seco del planeta. Jamás llovía y sólo los más ancianos, recordaban la última lluvia, hace más de cuarenta años, que se dejó caer por allá. Pero hoy podía ser distinto. Corría el 28 de agosto de 1983 y la televisión había dicho que podría volver a llover, mientras no paraba de sacar a un dirigente negro americano que había pronunciado un discurso veinte años atrás en el que decía que tenía un sueño.





“Y a mi qué más me da. Lluvia y sueños, qué emoción…”, pensó con asco Martina para sus adentros.
Martina no era feliz. Cerca de cumplir los diez y ocho, la vida no era lo que había aprendido en el colegio de la mano de los grandes poetas chilenos.
Su vida languidecía ayudando en las tareas domésticas a su madre, que a su vez cuidaba del padre, enfermo por trabajar media vida en la mina. Así había sido y así debía ser, le recordaba ella. Los hombres trabajaban la mina y las mujeres cuidaban de ellos después. A Martina sólo le quedaba encontrar un varón y repetir el ritual que había acompañado a su familia en las últimas generaciones. Pero ella sueña con una vida muy distinta. Una vida en la que fuera dueña de su destino, en la que pudiera decidir lo que quiere hacer, lo que quiere vivir y con quién quiere vivir. Pero, siente que está atrapada en un compromiso que no asumió, que la obliga y al que no puede renunciar. No pude liberarse de la tradición atávica que, como una maldición, le persigue. Así es y así debe ser. Y día tras día renuncia a su identidad.

Quillagua fue en algún momento un oasis es medio del desierto (https://maps.google.es/maps?gs_rn=26&gs_ri=psy-ab&tok=VNUbTANj2_uIOv93iOmBUA&cp=7&gs_id=s&xhr=t&q=quillagua&newwindow=1&safe=off&bav=on.2,or.r_cp.r_qf.&bvm=bv.51773540,d.Yms&biw=1920&bih=921&um=1&hl=es-419&ie=UTF-8&sa=N&tab=il).

Bendecido por el río Loa y las aguas subterráneas, durante siglos se había cultivado lo suficiente para dar de comer a toda la comunidad, a los animales de carga que trabajan en la mina, y además, poder sobrevivir con el comercio. Estaba en el camino del inca y cuenta la leyenda que hasta Pedro de Valdivia pasó por allí.



Pero Chuquicamata, la mina, lo cambió todo. Con sus necesidades de agua dulce para la explotación industrial, el acuífero cada vez tenía menos agua, a más profundidad y más salina. Posiblemente, ya contaminada de forma irreversible. La aldea moría a la misma velocidad que el río. Martina también moría, aunque no lo supiera.




De nada servía que Quillagua tuviera unos cráteres espectaculares testigos de una lluvia de meteoritos que pudo traer la vida a la tierra, ni que contara con una colección precolombina de cadáveres momificados de forma natural por la inmensa sequedad del aire. Nadie se paraba a conocer el oasis.
Los jóvenes que podían se iban. Los mayores, simplemente morían.


Momia en el museo de Quillagua



¡Ya llega! ¡Está aquí!
Las voces se escuchaban por toda la aldea. A Martina le retumbaban en los oídos. Odiaba esas voces como odiaba el silencio. Odiaba todo. Odiaba.
De pronto, una fragancia inundó su nariz, su boca, su garganta, todos sus pulmones. Era algo desconocido, pero contenía la esencia de los algarrobos que daban sombra a la aldea y que tantas veces había disfrutado desde que era niña. Pero no sólo de los algarrobos, sino de la hierba que crecía en el borde del río y que disfrutaba en soledad cuando terminaba su tarea. Y olía al mismísimo polvo que cubría todo a su alrededor y que por algún extraño motivo, hasta resultaba agradable su aroma.
Salió al exterior y las sensaciones se multiplicaron. La temperatura había descendido varios grados y sintió la humedad sobre su cara. Ciertamente, era lluvia.






Y se quedó inmóvil en mitad de la calle, dejando que las gotas de agua acariciaran su piel y suavemente, como el mejor amante, erizaran su vello allá por donde rozaban. El agua resbalaba sobre su cara y recogió con su lengua unas gotas. Para su sorpresa, el agua no sabía a nada, pero sabía a todo. No tenía ese sabor metálico que percibías cuando en la ducha tragabas un poco, ni el gusto pastoso cuando calmabas la sed con la que se conocía como potable.
En ese momento, no escuchaba nada, sólo sentía. Como nunca en su vida. Como cuando soñaba con él y le venía ese placer que devoraba sus entrañas.
Fue notando como la humedad desaparecía y el sol volvía a calentar. Cuando abrió los ojos, las placas de metal que cubrían algunos tejados, liberadas del polvo que las había acompañado hacía décadas, brillaban con más intensidad que el sol mismo, impidiéndole abrir los ojos por completo. Se veían lindas, majestuosas, como si con metal noble hubieran sido forjadas.
Martina nunca supo cuanto tiempo duró. Pero sí, que ella nunca volvió a ser igual. Sabía lo que quería. Y no estaba en Quillagua. No sabía dónde, pero iba a ir a buscarlo.
Entendió que nadie es dueño de tu destino. Que la vida la tienes que escribir con tu pluma, no con el lápiz de los demás. Que quería volver a sentirse viva, sintiendo, viviendo, quizás amando, pero lejos de allá.
Porque Quillagua había desaparecido. De hecho a duras penas recordaba su existencia.
Y tuvo una visión. Sólo quería salir a un jardín y dar una bocanada de aire húmedo, perfumado con la esencia de sus innumerables plantas, y que inundara sus pulmones hasta el fondo, hasta ese lugar a donde sólo llega el aire cuando la tristeza es infinita…




sábado, 13 de julio de 2013

¿Cómo es el clima en Santiago? Observaciones, juicios y opiniones



Estamos en julio y hace muchos días ya que la nieve adorna con abundancia las cumbres de la cordillera.

El invierno está  instalado en el hemisferio sur. Los días empiezan a ser más largos y la contaminación se ha apoderado  del valle donde se asienta la gran capital. 




Una de las conversaciones más corrientes es hablar sobre el clima. ¡Qué frío hace! ¡Es insoportable! Otra persona que está a su lado, comenta ¿Pero cómo  puedes decir eso? Hace un día precioso, agradable y sentado al sol se está de maravilla.

Pero, de verdad, ¿cómo es el clima de Santiago? 

Niños bañándose en una pileta en el parque Quinta Normal en octubre



Una opción es daros datos, observaciones. Os paso el enlace a la Dirección Meteorológica de Chile (http://www.meteochile.gob.cl/reg05m.php) donde podéis encontrar mucha información. Cuando redacto estas letras, en Santiago son las cinco horas y cincuenta y siete minutos de la mañana del 13 de julio y la temperatura es de 3,1°C. A lo largo del día está previsto llegar hasta los 22°C con poco viento y el cielo estará despejado.

Otra alternativa es daros mi opinión. Aunque se contradiga con el título de mi blog, yo llegué a Chile en invierno, pasé toda la primavera y regresé a España en el verano austral. A mi me resultó un clima muy agradable. A lo largo de esos meses, puedo deciros que durante el invierno es un clima templado, en el que no son muy habituales las temperaturas bajo cero por la noche y, si está despejado, se alcanzan temperaturas en el entorno de los veinte grados en las horas centrales del día. En el verano, las temperaturas extremas no suelen superar los 34°C (estarían sobre los 30°C) y refresca por la noche. Para alguien que haya vivido en Madrid, el clima es muy similar, aunque menos extremo y con menos lluvia. Otra cosa distinta es cómo se puede percibir allá. No hay muchas casas con calefacción central, y el frío en los hogares hay que combatirlo con estufas o con bombas de calor, por lo que la sensación de frío que sientes puede ser mayor. Según cuenta Pablo Neruda en sus memorias, la herencia colonial le dejó a Chile la incomodidad y el menosprecio a los rigores naturales. Un gran amigo de él, le decía que nunca había sentido tanto frío como en Chile, y eso que llegaba desde las calles nevadas de Moscú.

Uno de los problemas fundamentales de la comunicación humana es no distinguir entre hechos y opiniones. ¿Os habéis fijado la cantidad de personas que defienden sus opiniones como si fueran la única verdad, como si fueran hechos medibles, como si fueran la verdad?

Los hechos están fundamentados en evidencias, en hechos medibles, constatables. “Ahora en Santiago estamos a cinco grados Celsius”. Con ellos construimos la realidad.

Las opiniones, o los juicios que son lo mismo, son la proyección de cómo percibimos lo que nos sucede, como lo sentimos, como despierta nuestras emociones, si nos gusta o no y el valor que le damos. Ufff, ¡qué frio hace hoy en Santiago!


 “La mayor fuente de infelicidad del ser humano son los juicios que emitimos, tanto sobre nosotros, como sobre las cosas que nos rodean”. (Rafael Echeverría)




Creo que se puede entender mejor con un ejemplo:

Carlos se levanta a las seis de la mañana para llegar a las ocho a su trabajo en el que pasa diez horas sirviendo mesas en un restaurante. Su amigo Juan siempre le dice que trabaja demasiado. Pero él es feliz, porque libra día y medio a la semana y recuerda con horror un periodo de su vida en la que vivió en China y trabajaba de sol a sol los siete días de la semana. Las mismas condiciones de un hecho, para una persona son una desgracia y para otras una oportunidad.

Detente a repasar en un minuto cuáles son las cosas que te hacen sufrir. Qué cosas te causan miedo. ¿Son hechos? ¿Son juicios?

La ventaja fundamental es que podemos cambiar la forma que tenemos de ver las cosas. Tenemos capacidad de actuar sobre nuestros juicios. Una situación que estés viviendo no es buena ni mala en sí misma. Depende de cómo la vivas.

Y es muy importante como hablamos, con nosotros mismos o con los demás. Fijaos como presentan la previsión del tiempo en Santiago. La foto no es de hoy, aclaro.





“Parcialmente despejado”, en vez de como se suele decir en España “parcialmente nuboso”. Una misma realidad, según se comunique, invita más al optimismo o al pesimismo.

El hombre no puede decidir lo que le pasa, pero si puede decidir cómo vivir lo que le pasa, como ya introduje en un anterior comentario (http://elviajedechemaenchile.blogspot.com.es/2012/11/la-tristeza-vaga-por-santiago.html). El ser humano puede cambiar sus juicios sobre lo que le acontece. No digo que sea fácil, pero muchas veces no sabemos siquiera que tenemos esa posibilidad. En muchas circunstancias no se puede actuar sobre los hechos, pero si en cómo te afectan los hechos y lo que puedes hacer para que la realidad que vives, cambie.

Cerros nevados el 29 de mayo. Foto de Patricia Pérez



Alguien muerto de frio en su departamento sin calefacción de alguna comuna de Santiago, y que está maldiciendo el clima de la ciudad, puede buscar otro con mejor orientación, abrigarse más en casa o decidir en que prefiere gastar sus recursos económicos, si en tener un móvil con conexión a internet o comprarse un par de estufas y tener una temperatura más agradable en su hogar, por decir algo. Pero la culpa no es del clima en Santiago.

Pero ahí entramos en algo muy profundo. Si siempre que llego tarde al trabajo en Santiago digo, es que había un gran taco (atasco), para que llegue a mi hora tendrá que cambiar el tráfico en la ciudad, y eso no está en mi mano. Pero si digo, he llegado tarde porque no preví un lunes de lluvia en la ciudad, sólo tendré que despertarme un rato antes para llegar puntual a mis citas. Pero entonces, habré perdido la inocencia de mi victimismo, y descubriré que yo soy responsable de las cosas que me pasan y no podré echarle la culpa al tráfico. Tendré que asumir mi responsabilidad, y eso no es nada agradable. Por el contrario, seré consciente del precio que hay que pagar por ser un individuo libre y querer llevar las riendas de mi propia vida.

Os deseo que tengáis un día espléndido. Podrá llover, que esté el cielo despejado todo el día o que el viento alcance los cincuenta kilómetros por hora, pero en vuestra mano está que sea agradable, cálido o un día magnífico para navegar a vela.

sábado, 15 de junio de 2013

Receta de filete de res magallánica, relleno de centolla con papas gratinadas y estofado de verduras en salsa de vino Merlot



Cuando puse la foto del filete de res magallánica, relleno de centolla con papas gratinadas y estofado de verduras en salsa de vino Merlot, me llovieron las peticiones de la receta.



No he conseguido que me la manden desde Chile, pero entre mis preguntas a los amigos chilenos y lo que yo cocino, ahí queda mi receta:

Ingredientes para dos personas:

-        Dos filetes de lomo de res magallánica de, al menos, dos centímetros de espesor. Se le pregunta a los filetes si son magallánicos, y si no responden, también valen, si son de vacuno

-        Dos o tres papas grandes

-        Una centolla (ni intentes preguntar sobre su origen)

-        Verduras al gusto: zanahorias, judías verdes, guisantes…

-        Cilantro (parecido al perejil) y cebolla

-        Queso parmesano para gratinar

-        Una botella de vino Merlot de calidad (no sobrará si los comensales están bien avenidos)

-        3 cucharadas sopera de nata líquida

Se cuece la centolla y se extrae toda la carne. Se le añade un poco de cilantro picado muy fino y se mete al frigorífico.

Se enrollan los filetes por el lado más largo y se deja en el interior una zanahoria cruda entera, o dos medias, para reservar el espacio que ocupará la carne de la centolla. Se atan con un cordel de cocina y se hacen a la plancha, se salan después a gusto, se extraen las zanahorias y se reservan contando con que al final se volverán a freír un poco para calentar, con lo cual se cocinarán un poco más.

En Chile la carne la cocinan mucho, por lo que siempre hay que avisar de no la frían casi nada, porque si no, te llegará un filete semicarbonizado.  Para mi gusto, “al punto” en Chile es lo que yo considero muy hecha.

Se pelan y se pican muy bien las cebollas, en el aceite en el que se ha frito la carne y se dejan como cinco minutos. Se añade el Merlot, vaso y medio de los de agua,  y, revolviendo de vez en cuando con una cuchara de madera, se deja a fuego lento diez o quince minutos para que reduzca. Al final se añade la nata líquida y se revuelve todo muy bien para que ligue.

Las patatas se hierven hasta un punto en el que se puedan cortar en láminas muy finas. Una vez cortadas en rectángulos  se va construyendo lámina a lámina una pequeña torre espolvoreando el parmesano entre lámina y lámina. Se aparta para gratinarlo al final en el horno.

Se prepara un estofado con las verduras que hayamos seleccionado, siendo imprescindibles las zanahorias que usamos para freír la carne.

Quedan veinte minutos para servir el plato. Se corta una lámina de parmesano para que corone la pequeña torre de papas y, al horno a gratinar.

Acto seguido, se rellenan los filetes con la centolla y se pasan una última vez por la plancha, con muy poco aceite, sólo para que suban algo de temperatura, ya que la salsa caliente los templará también. Lo ideal es que cuando lleguen a la mesa, el contraste entre carne y marisco se vea potenciado por la temperatura de la carne en contraposición con la de la centolla. Si consigues ese punto, que es difícil, no te pierdas la cara del que tengas delante. Escucha las primeras palabras que salgan de su boca, en ese momento, sólo en ese momento, será completamente sincero. Aprovecha si llevas tiempo deseando preguntarle algo que te interese.

Ya sólo queda emplatar. Se retira el cordel de cocina que enrollaba la carne rellena ya de centolla, se corta un cilindro para poner de manifiesto la dificultad del plato, se añade al lado la torre de papas gratinadas, el estofado de verduras, alguna otra verdura fresca de adorno y se marcan dos líneas con la salsa, que se presentará en un recipiente aparte porque el plato es una sinfonía de sabores que no conviene confundir, o encubrir, con una salsa tan poderosa.

Espero que me contéis como os salió y lo que no os gustó.





domingo, 26 de mayo de 2013

Buscar trabajo en Chile, ¿decisión conservadora o aventurera?

Tú de natural cómo te definirías ¿conservador o aventurero? Sea cual sea tu respuesta a esta pregunta, no es nada más que un juicio que emites sobre ti mismo. Y estos juicios, quizás ya convertidos en creencia, pueden ser una gran fuente de infelicidad para ti. A lo mejor al terminar esta entrada tengas otro punto de vista.

Uno de los descubrimientos que más me han gustado de mi formación en coaching es el concepto de distinción lingüística. Yo estoy de acuerdo con la teoría de la ontología del lenguaje que afirma que el lenguaje es generativo, es decir, que la forma en que llamamos a las cosas no sólo las describe sino que crea realidades y nos predispone a la acción en una dirección o en otra.



 
Santiago, barrio Las Condes

Lo intentaré explicar con un ejemplo. Muchos de nosotros conocemos a personas que se creen muy generosas, que están intentando complacernos siempre que pueden, pero que no consienten que se les hagan regalos o favores. Ellos siempre tienen que dar, pero no recibir. Posiblemente tienen conceptualizada la palabra generosidad como el acto humano de dar, de compartir lo que yo tengo con otro. Por eso, cuando tú intentas corresponder, no te dejan. No se dan cuenta de que generosidad también es aceptar el regalo del otro, permitirle que disfrute con el acto de quitarme algo yo para que lo tengas tú. Si descubrieran la otra cara de la moneda, la otra interpretación de la palabra, la distinción lingüística, es muy posible que generaran una predisposición mayor a dejarse hacer regalos, sabiendo que eso hace feliz a la otra persona.



 
Compra venta de libros de segunda mano



Recientemente mantuve una conversación con una amiga que había perdido su trabajo, como tantos otros millones de españoles en los últimos años, y se estaba planteando irse fuera de España a buscar empleo. De pronto me sorprendí a mi mismo con las palabras que salían de mi boca: “Ciertamente la decisión conservadora ahora, es salir de España y buscar suerte en otro país”. Parece un contrasentido y decidí reflexionar sobre el asunto.



 
Puesto callejero para degustar mote con huesillos



De acuerdo con el diccionario de la lengua española, conservador es:”Dicho de una persona, de un partido, de un gobierno, etc.: Especialmente favorables a la continuidad en las formas de vida colectiva y adversas a los cambios bruscos o radicales”.

A bote pronto, tomar la decisión de abandonar tu país con destino a otra cultura, otras costumbres, otras comidas, podría parecer una decisión aventurera y nada conservadora, pero intentemos ir un poco más allá. ¿Cuáles son tus formas de vida prioritarias? ¿Qué pesa más en tu día a día? ¿El sentirse independiente, autosuficiente, y desarrollar un trabajo que te permita vivir dignamente o por el contrario, estar cómodo en tu ciudad, junto a tus amigos y familiares, esperando la llegada de ese trabajo que nunca aparece y viendo cómo consumes tu prestación por desempleo, tus ahorros o la paciencia de los seres queridos que te ayudan a llegar a fin de mes?



 
Filete de res magallánica relleno de centolla con papas gratinadas y verduras en salsa de vino Merlot



Por mi experiencia, la adaptación a la cultura y las personas chilenas es fácil y sin comparación con lo que sería en otros destinos asiáticos o incluso en la vieja Europa. Esto no quiere decir que con tomar la decisión de saltar el charco, esté todo resuelto. En Chile hay mercado de trabajo en determinados sectores de la industria y mejores oportunidades cuanta mayor capacitación, experiencia o estudios tengas. Por el contrario, en otras ramas menos especializadas, hay mucha competencia y salarios bajos sin que puedas contar con la sanidad y educación pública que tenemos en España.



 
Mercadillo de artesanía en Lastarria



Mi reflexión no pretende convencer a nadie de que tome la decisión en un sentido o en otro. Sólo me gustaría pensar sobre nuestros procesos de toma de decisiones. ¿Cómo me veo  a mi mismo? ¿Soy conservador o aventurero? ¿Qué significado tiene para mí ser conservador? ¿Y aventurero? ¿Cuáles son las cosas verdaderamente importantes en mi vida?

En muchas ocasiones nos hemos formado una idea de nosotros mismos que nos limita y que no nos permite explorar otras posibilidades. La forma en que nos hablamos abre o cierra puertas de manera inconsciente. De tanto decirme que soy conservador, llega un momento en el que me lo termino creyendo y me impide contemplar  todas las oportunidades que tengo delante. “Con mi mentalidad conservadora, ¿cómo me voy a plantear irme a Chile?” O, por el contrario, “como yo soy de natural aventurero, me voy a Chile a buscar trabajo de dependiente en una tienda”.








Cualquiera que sea la decisión que tomes, podrá salir bien o mal, pero lo importante es tomarla de acuerdo con tus valores y tus convicciones y con todo aquello que sea importante para ti. Tanto si te sale mal como si te sale bien, habrás conseguido lo que el profesor del MIT, Fred Kofman en su libro “Metamanagement” llama “el éxito más allá del éxito”, o dicho resumido, hiciste lo que creías que tenías que hacer de acuerdo a tus principios. Según Kofman este éxito genera una paz interior y una felicidad incondicionales, porque el comportamiento no depende de factores incontrolables. Aunque el resultado no sea lo que uno quería, siempre es posible experimentar la serenidad profunda de saber que uno ha hecho lo mejor que pudo para enfrentar la situación con dignidad. El profesor cita un libro sagrado del hinduismo para ilustrar su lección: “Tienes derecho a tu acción, pero no el derecho a los frutos de tu acción”

Por mi parte me gustaría terminar mi reflexión con lo que escribió un sabio hace 2.500 años, más o menos:

“El alma queda teñida del color de tus pensamientos. Piensa sólo en aquellas cosas coherentes con tus principios y que puedan soportar la más intensa luz del día. El contenido de tu carácter es tu elección. Día a día, lo que eliges, lo que piensas y lo que haces es en quien te conviertes. Tu integridad es tu destino…es la luz que guía tu camino”. Heráclito de Éfeso.



Feliz día y que tengáis éxito en todas vuestras decisiones.